viernes, 8 de mayo de 2009

Los '¡ay, qué lindo!' y '¡ay, qué feo!',
'¡ay, qué malo!' y '¡ay, qué bueno!
son dos caras de un debate
demasiado irrelevante.

Lo que quiero proponer
es que se dejen de joder.

No hagan nada al respecto,
que el lenguaje es imperfecto.

Cuando sale el sol,
cuando muere el amor,

yo calculo que algún día,
trataré de hacer la mía

sin tutor, sin tutor.
No voy a hablar, soy pura acción.

Es estupenda la canela
por arriba de la crema

de un café que está que pela,
y que casi me desvela.

Y tal vez, termine de una vez
esta tarea tan cargosa,
descifrando cada cosa.
Cuando sale el sol,

cuando muere el amor,
hay momentos en la vida,

que no debe decorar una oración,
una oración, una oración.
Quiero decirlo todo junto,
espantando este confuso
malestar con este mundo
indescifrable y difuso.
Debería suponer
que me di cuenta de una vez,
que lo increíble, indescifrable,
espeluznante y cautivante...

NO DESCRIBE, YA NO DESCRIBE:
¡TANTA BELLEZA NO SE MIDE!.

Y no es ninguna redundancia.
Lo que abunda esta abundancia
es lo que ignora mi ignorancia.
Cuando sale el sol,

cuando muere el amor,
hay momentos en la vida,

que no debe decorar una oración,
una oración, una oración, una oración.

Todo es negro, todo es rosa,
con el karma fulminante del amor.

Cuando muere el amor... uh...
cuando muere el amor...

Cuando sale el sol,
cuando muere el amor,

yo calculo que algún día
trataré de hacer la mía."

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